Salió del piso de Lara con varios objetos que no eran de su
propiedad: un Ipod,
un par de zapatos de mujer, de color azul y doscientos euros en dos billetes de
cien. Cuando salía del piso arrambló con el felpudo de fibra de coco del
descansillo de la entrada, en el que se leía, Hello,
pintado de color naranja. El felpudo pesaba un quintal, pero Julito no desistió, lo ató enrollándolo con
una cuerda y lo ajustó sobre la mochila. Desde que lo vio sabía que la alfombra
le venía que ni pintiparada para su dormitorio. Pensaba ponerla a los pies de
la cama, para desvestirse sin pisar las frías losetas. En la calle hacía frío,
a pesar de sol y de que estaba a punto de entrar el verano. Julito entró en calor por el infalible método
de caminar rápido, con varios kilos a cuestas. Nadie diría que un tipo tan escuchimizado
pudiera arrastrar tanto peso. Cuánto más corría Julito, más
llamaba la atención de la gente, nadie dudaba de que era un delincuente que
acababa de perpetrar un delito.
Un coche de los mossos dobló la esquina justo en el momento
en el que Julito atravesó
la calle con el semáforo en rojo.
-Mira.
-Ya lo veo, un mangui.
-¿Qué hacemos? ¿Vamos a por él?
-Pss,
deja, es un desgraciado, habrá robado a una vieja cuatro chorradas. Hoy estoy aplatanada,
ayer me quedé a ver los dos capítulo de House y el niño no ha dejado de llorar
toda la noche. ¿Le sigue alguien?
-Creo que no
La agente era rubia y lucía una coleta
larga sujeta con una cinta marrón adornada con dos pajarillos de silicona de color verde, sonrió al conductor. Tenía
suerte con su compañero de turno, un chico muy práctico al que no le gustaba
nada meterse en líos y pasarse media mañana con el papeleo de la detención.
-Dejemos de hacer el cherif por un rato, anda, sigue hasta Lauria y luego damos la vuelta por Mallorca,
a ver si le perdemos de vista.
Mientras esta conversación tenía lugar
dentro del coche patrulla, Julito había llegado casi a su destino, en la Plaza Tetuán.
Antes de entrar en el edificio, respiró hondo, apretó el botón del telefonillo.
-¿Quién?
-Abre.
Subió con lentitud las escaleras hasta el entresuelo primero, letra b. En la puerta le esperaba una mujer, era calva y vestía un batín de hombre que en la distancia parecía de seda, pero era de poliéster, con rombos negros y grises.
-Abre.
Subió con lentitud las escaleras hasta el entresuelo primero, letra b. En la puerta le esperaba una mujer, era calva y vestía un batín de hombre que en la distancia parecía de seda, pero era de poliéster, con rombos negros y grises.
-Vienes temprano hoy, ¿has traído dinero?
Julito cerró la puerta, la mujer se apartó, apoyó su
cuerpo rechoncho en el aparador sin perder de vista la mochila que Julito depositó sobre la silla de estilo isabelino,
recogida un mes antes en el contenedor de la esquina. La silla confería empaque al recibidor, a pesar de lo raído del
terciopelo del asiento, esa silla valía un potosí. Perteneció a un notario que
había muerto de infarto cerebral cuando las escrituras hipotecarias dejaron de
llegar a la notaría. ¡Cuántas alegrías y desgracias, en forma de donación y testamento,
fueron leídas desde la comodidad de aquel trono!
-Me pagas la deuda o te
echo escaleras abajo.
-Mujer, a eso vengo.
Imágenes, Empire and Regency, George Smith, 1826. NYPL
Me queda la duda si a Julito se lo regalo todo la Lara, ¿o también se lo pispo?.
ResponderEliminarAmaltea, me temo que cuándo acaben con el fiscal general, la policia irá a por tí (si hubieran sido los policias de L.A. Confidential, vale, ¡pero los de Barcelona! nena, aixo no val!).
Como dice Marieta, Ave, Amaltea.
que sí, que sí, que la poli es muy chunga...o como mínimo, poco elegante.
ResponderEliminarDales caña, Amaltea.
Anónimo y Marieta, la policia es un cuerpo.... un cuerpo que tiene sus fallos orgánicos como cualquier hijo de vecino, quitando esos garbanzos negros, el cuerpo que queda es la mar de simpático, os lo digo por propia experiencia profesional.
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